viernes, 30 de julio de 2010

jorge murió, esta mañana.

si los días venían muriendose un poco confusos, esta mañana terminó por enmarañarse todo. el desayuno se alargó por tres horas y cuando por fin dejé de mirar por la ventana opté por agarrar el desgano, la cámara y los apuntes, subirme a una micro mojada y hacer las únicas fotos que realmente me calentaban de la lista que había armado ayer, las del techo con las nubes.


antes, dejé que pasara un poco la lluvia.


cuando llegué al taller de costuras la señora que atendía no me creyó. no era la dueña. me dijo que la universidad de chile estaba en santiago y yo le dije que claro, que mis papás vivían acá en concepción y que por eso andaba aquí. así y todo me dejó. me preguntó que por qué quería tomarle fotos al espejo y tuve que explicarle un poco lo que no le explico a nadie. cuando me dijo que tenía que volver a trabajar hice dos fotos más y guardé la cámara. antes de terminar me preguntó si andaba con mi c.i. "con mi c.i y la credencial de la u, por si la quiere".
anotó mi nombre, mi rut y me los devolvió. es la segunda vez en el año que tengo que mostrar mi carnet para tomar fotos en un lugar. fue desagradable hoy. la vez anterior no fue tanto, pero bueno, da lo mismo. jorge murió, esta mañana.


cuando fui a la peter pan a preguntar de nuevo dónde estaba la peluquería donald -porque no la encontré con la información que me dieron el lunes- sonó el teléfono de la peluquera que estaba cortándole el pelo a un chico, porque las otras dos estaban sentadas. empezó a saltar y a decir que no, a decir mucho que no. las otras dos le dijeron que se calmara un poco riendo, y le preguntaban mucho por qué. yo ya casi iba saliendo cuando la peluquera les dijo que había muerto la cecilia.



cerré la puerta y me fui. lo mejor que podía hacer era subirme a la micro y volver a casa de mis papás, a mirar por la ventana cómo llueve afuera. cuando llegué fue tan obvio como inevitable pensar que no debí haber salido.



a todo esto, con el transcurso del día las cosas también tomaron su debida importancia.

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